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DEMONIOS
freddy


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Demonio proviene de la palabra griega "daimón".

Antiguamente los griegos identificaban a aquellos mensajeros del lo alto que venían de parte de los dioses a traer buenas noticias como "Daimones", y a aquellos que traían malas les llamaban "Angelous". Durante muchos años creció una confusión con estos términos y a la larga no estaba claro cual era la función y verdadero significado de estos nombres y estos personajes.

Con el nacimiento del catolicismo aparecieron supuestas respuestas y entre ellas también nombres identificativos o apelativos para las cosas que no tenían un nombre "no-hebreo", entre ellos se especificó a los hijos de Dios como "angelous" y a los hijos del satanás se les dejó el nombre de "demonios". De esta menra, nacieron muchas confusiones, entre ellas hasta el día de hoy por cuanto se desconocen realmente lo que son los demonios, y lo que llaman demonio tiene muchas ramas.

Una persona poseida se dice que tiene un demonio; un monstruo de antaño y habitante del fondo de la tierra se le llama demonio también; por su parte a los ángeles que trabajan al servicio del Enemigo de Dios también se le llaman demonios, ya sean físicos o etéreos; los conocidos como "OVNIs" u "objeto volador no identificado" ilógicamente según algunos desconocedores también son demonios, sin dejar de lado que también a Satanás lo llaman "el Demonio".

Si hablamos de aclarar el asunto referido a los "demonios de las posesiones", entonces también hemos de hablar de los "rujot" o en latín "fantasmá" (visión) puesto que ambos son espíritus pero solo cambia su ubicación, explico:
Un fantasma es el espíritu de una persona que bajo ciertas circunstancias a muerto y reniega de ir al sitio que le corresponde ya sea por cómo murió de manera injusta o porque hay algo que le ata o preocupa de su vida pasada y se apega a algo conocido.

Ahora bien, en las llamadas posesiones, las personas "no son poseídas por demonios". Todas las personas que mueren y son destinadas al Basurero -llámesele en hebreo "Sheól" o en griego "Hades" (no es el llamado Infierno)- no desean en lo absoluto estar en este lugar (a estos se les llama los "Sepultados"), ellos desean salir de ahí a como de lugar. Cuando un espíritu es invocado de los que no estan con los sepultados, o sea, que esta con Abraham en su seno no sube puesto que le es prohibido y no atiende a la invocación, más el o los que del lado de los Sepultados escuchen el llamado irán encantados a contactar con quien les llama y -claro esta- sabrán de esta persona lo que sea para impresionarle.
continua...

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freddy


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Hablamos ahora de los ángeles al servicio de Satanás, pero hemos de tener una cosa clara, no todos los ángeles -en griego: "mensajeros"- son mensajeros, ni todos los mensajeros son ángeles [de parte de Dios]. En el orden de los servidores de Satanás hay 7 reyes, 10 príncipes, 365 ángeles principales, reinos a su favor y otras muchas huestes de seguidores, corpóreos todos. Las "cabras, moscas o lobos" son trabajadores a su servicio en su gran mayoría iguales a nosotros física e incluzo cromosómicamente, pero, a diferencia de lo que enseña el catolicismo, no habitan en la tierra y menos en el infierno.

Existen los demonios, mas no son lo que se ha enseñado ni se manifiestan a la manera de las películas de Hollywood, es más, las personas habitulamente no tienen ningun tipo de contacto con ellos, no son OVNIs, ni son los espíritus que poseen, así como tampoco los ángeles de satanás tal como se quiere dar a entender desde el punto de vista catolico.
Las influencias del sistema satánico son indirectas y con las sectas satánicas uelen ser algo directas pero todos estos temas ya los seguiremos explicando más adelante.
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La palabra Demonio en hebreo se dice "azazel", este nombre nace de un guardían subdito del príncipe Semyaza -en hebreo "Shemjatzai"- su nombre era "Atzatzel", y su relevancia surge por la catastrofe que causó.
Atzatzel fue uno de entre 200 guardianes liderados por Shamjatzai los cuales cuidaban una zona determinada de la tierra cerca del Líbano en los días del apojeo del Imperio Satánico en la tierra los días posteriores a la Rebelión de Satanás.
Atzatzel enseñó la guerra, todo su arte y armas a la raza de los hombres y trajo la destrucción hasta el día de hoy. Atzatzel con sus compañeros y con sus líderes fueron encarcelados bajo la tierra y estarán ahí hasta el día del Gran Juicio.

Shemjatzai y su compañía descendieron del cielo para hacer una familia a su placer y fueron castigados no solo por desertar sino por enseñar la brujería, vanidad, guerra, astronomía, astrología y todo tipo de ciencias a sus hijos. Estos hijos con este poder y con su genética superdesarrollada masacraron a la humanidad y cargaron el precio de su genocido viendose aniquilados por su propio linaje, linaje lidearado por el famoso Zeus, su hijo Herákles (Hercules) y su familia. Una vez muertos por sus propios hijos estos espíritus llamados "de los Nefilim" escaparon con su conocimiento de gigantes y se mantuvieron entre el Hades y el mundo hasta el día de hoy pero sin intervenir en el transcurso de la humanidad.

Por otro lado, Satanás también es llamado "el Demonio" en singular y como cabeza de los demonios como expresión de lo malvado, desconocido y oscuro. Pero, si partimos de la idea del verdadero demonio, entonces Satanás no entra en este apelativo, primero porque no tuvo que ver con este linaje de ángeles rebeldes, segundo porque no es un espíritu incorpóreo como ellos -puesto que estan muertos y él no-, y tercero porque él no habita ni en la tierra, ni mucho menos debajo de ella.

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reportaje completo del nacimiento de los "demonios"
freddy


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¿Qué es “demonio”? ¿De dónde sale la palabra “demonio”? si realmente existen ¿Qué características tienen? Y ¿Dónde habitan?
La voz “daimón” es griega, por obvias razones de orden histórico no forma parte de la terminología aramea ni aparece en los textos hebreos, llamados el “Antiguo Testamento”, aunque los traductores en ocasiones la utilicen reemplazándola arbitrariamente en detrimento de la revelación depositada en los vocablos hebreos que sirven de fuente.

Hablar de un “daimón” significa adentrarse en la historia de una Grecia tan antigua que la misma mitología se ve impedida de aportar datos precisos. Las escasas huellas parecen indicar de los “daimónes” eran personas intermediarias entre aquellos llamados los “dioses” y los humanos, sirviendo de lazo de unión entre los hombres y los dioses. Con el trasegar de los tiempos post mitológicos griegos y por causas no muy claras, relacionadas con sus dioses, sus dramas y guerras “divinas”, estos personajes –los “daimónes”- fueron considerados como “divinidades” de rango inferior. En algún momento de la historia del Olimpo, cuando se enfrentaron los intereses de esas “divinidades”, algunos habrían luchado a favor de la oscuridad y las tinieblas, y desearon que la humanidad viviese en ese mundo, por ello llegaron a ser representados como mitad bestias y mitad humanos. Se habló entonces de “daimónes” buenos y de daimones malos.

Para los “Pitagóricos” (siglo V a.C.), los “daimónes” representaban las almas de los muertos que revoloteaban por los aires. Ya en tiempos de Sócrates (470-399 a.C.), el concepto de “daimón” se encontraba demasiado contaminado por los más primitivos e irracionales criterios, como lo testifica la llamativa representación que hizo Polignoto (contemporáneo de Sócrates) acerca del “daimón”: “se come la carne de los muertos y deja sólo sus huesos… su color es entre negro y azul, lo mismo que la mosca de carne, enseña los dientes y está sentado sobre la piel de un lince”.

En los tiempos de Sócrates, la idea que los griegos tenían del daimón era más ambigua y seguiría desproporcionándose con el correr de los calendarios hasta termina siendo racionalizada. En ese ordenamiento se habló del Daimón como sinónimo de “carácter” propio y distintivo del de los demás. El Daimón fue relacionado con el “genio” que cada persona lleva dentro. “el carácter es el daimón del hombre”, -señaló Heráclito- y como tal, puede ser bueno o malo”. En el sentido de Daimón como un genio, Demócrito dijo que: “el alma es la residencia del genio del destino, bien feliz o bien infeliz”.

El Daimón, según la perspectiva socrática, sintetiza a todas las representaciones anteriormente señaladas sobre los daimones. Por su parte, Sócrates se atribuyó a sí mismo un daimón propio, aunque no lo llegó a relacionar con su carácter personal, sino que mantuvo en él su cariz religioso, afirmando que el tal Daimón era independiente del propio carácter y que poseía poderes sobrenaturales. Para Sócrates el Daimón no era un dios nuevo, y mucho menos invención suya. Lo ubicaba con los dioses al que acudían los adivinos cuando profetizaban, al modo de la Pitonisa del Oráculo de Delfos. Sócrates acomodaba al Daimón en su “interior”, lo que suponía ponerse en contacto individual con la divinidad. Frente a toda la tradición sobre los Daimones, defendió el “carácter religioso” de esta nueva “fuerza interna”.
Creía este personaje que esa fuerza religiosa interior, aunque con características irracionales, se encontraba domesticada por la razón. Para Sócrates el daimón representó una “síntesis” entre la religión popular y la racionalización de los filósofos.

Este griego entendió al daimón como algo esencialmente “negativo”. Pensamiento que adoptó años después el imperio religioso romano, heredándolo el protestantismo, el cristianismo evangélico e incluso el Islam.
Para la perspectiva socrática el daimón es alguien que siempre disuade pero nunca da órdenes. Sócrates al parecer estaba convencido que a través del Daimón le hablaba la experiencia religiosa más antigua, oscura y profunda de la tradición griega.

Platón (428 a.C.) recalcó que un Daimón era un intermediario entre los dioses y los hombres, un ser que unía los ámbitos de los divino con lo humano. Era el encargado de que ambos dominios se comunicaban por medio de otro daimón, el amor “Eros”.

Los demonios llevan el intervalo que separa el cielo de la tierra; son el lazo que une al gran todo. De ellos procede toda la esencia adivinatoria y el arte de los sacerdotes con relación a los sacrificios, los misterios, las profecías y la magia”. (Platón, “el Banquete”).
En los días de Arístocles de Atenas, apodado “Platón” por sus anchas espaldas, los famosos dioses de su nación yacían en un pasado indeterminado y esos personajes, recordados como los daimones, formaban parte de lo impreciso. Platón, al parecer, sabía lo suficiente acerca de una etapa que ya pertenecía al reino de los mitos, en la que los Daimónes fueron importantes y apreciados. Para este griego, los daimones representaban las almas de los muertos más sabios por lo que les merecía un lugar de privilegio en el otro mundo.

En los tiempos de este filosofo, el nombre daimón les significaba a los griegos el recuerdo “del que reparte”. En sus días los daimones eran identificados con el “destino”. “el daimón que habita dentro de cada uno, es la facultad suprema y directiva de su ánimo”, decía Platón. En su perspectiva, el Daimón representa un ser individual que acompaña a cada hombre durante su vida. Enseñaba que al morir la persona era el propio daimón que la acompaña en vida la encargada de conducirla al lugar del infierno en donde sería juzgada.
La corrientes religioso-místicas de la “Época Helenística” convierten al “daimón socrático” en una especie de custodio personal de cada hombre. Para el Esoterismo, los Daimones eran una especie de vigilantes de los hombres a los cuales se encuentran unidos por lazos de simpatía. En el Cristianismo Gentil, distante del mensaje predicado por los primeros judíos cristianos, el lugar del Daimón Socrático lo ocupará el Ángel de la Guarda. Para algunos discípulos de Sócrates, como Antístenes, (fundador de la corriente moral Cínica) el daimón socrático es identificado con la "conciencia moral” y la capacidad humana de “ensimismamiento”.
Existe también en la antigüedad una interpretación materialista del Daimón socrático: se le relaciona con un ser vivo que se corresponde con el aire. Por ello, es menos pesado que los animales terrestres y menos ligero que los seres vivos afines con el fuego. Invisible para los hombres, pues nada ofrece en lo que pueda detenerse la vista humana.

En los tiempos del imperio religioso romano, en la entonces Grecia, para muchos el Daimón era un “genio” en el orden de un “pneuma” (espíritu), para otros era un “theos” (dios) o una divinidad en general.

Originalmente eran “seres neutrales” –enseñaban los últimos antiguos eruditos griegos- en el sentido de que ni eran buenos ni eran malos. Se creía, además, por influencia zoroastriana , que estos “espíritus” (término latín) se “transformaban” en buenos daimones (los “ángeles” guardianes, los guías) y en los daimones malos (los “ángeles” caídos, causantes de muchos males). En la literatura antigua griega y en Homero, la distinción entre daimón y “theos” (dios) no era clara, según se deduce del planteamiento que asegura que “los demonios y los dioses son manifestaciones de un principio divino y, como todo principio divino, son una mezcla de bien y de mal”.

Las cartas “apostólicas” reseñan que los enviados de Ieshúa (Jesús), para dar a conocer a los seres malignos, emplearon en su predicación y en el medio donde se ventilaba el griego el término “daimón” –demonio, es esta palabra latinizada- desde luego en el sentido negativo como se entendía en esos tiempos. Por su parte, el imperio romano por conveniencia político religiosa, en su minuta respecto de la elaboración de su compleja jerarquía de ángeles, llamó “demonios” a los que identificó como “ángeles caídos”, liderados por Satán.
A la luz confusa del pensamiento místico y filosófico griego, el cristianismo romano dio rienda suelta a la existencia de los “demonios”, evento que se propagó al amparo del conjunto de tradiciones, leyendas, creencias, costumbres y proverbios populares, llámeseles “folclore”, que en su sobre dimensión llega a extremos tales que le rinde una absurda pleitesía a los demonios, al creer verlos, encontrarlos o sentirlos por doquier, ya sea en el interior de las personas, en los lugares o cosas que consideran influenciadas por el mal o que por medios llamados “subliminales” son manifestados.

Ni la historia enmarcada en la Torá, ni en el resto de la Tanak, habla de seres que encajen con lo “demoníaco” desde la perspectiva griega mitológica. Los setenta maestros judíos, que en el siglo III tradujeron del hebreo al griego las Sagradas Escrituras hebreas (labor conocida como “LXX” o la “Septuaginta”), usaron solo una vez la palabra “daimoníois” cuando se trató de resaltar a los seguidores de Satanás, seres a semejanza de hombre que lideraban místicamente a los numerosos pueblos que habitaban en Canaán y en sus alrededores. En esas ocasiones, la traducción inglesa prefirió el término latín “diablos” (acusador).
Los israelitas Mateo, marcos, Juan, pablo, Timoteo, Santiago y Lucas que era gentil, escribieron sus cartas usando el término “daimonía” para facilitar a los griegos, y a quienes en esas regiones dependían de esa lengua internacional de la época, la comprensión acerca de los “espíritus inmundos” según la perspectiva israelita. Pablo, como ciudadano romano y acostumbrado a la mentalidad griega, identificaba como “daimonía” todas esas falsas creencias acerca de las supuestas divinidades que poblaban los cerebros de muchos de sus contemporáneos.

Con base al idioma hebreo, lo que se a “idealizado” como “demonio”, no corresponde con lo que significa para ellos: “rujot raot” (espíritus inmundos), y “rujot bejazón” (espíritus que se ven), lo cual son “espíritus” dentro de la única cobertura que este término tiene en el idioma hebreo y en las escrituras, el “espíritu del hombre”.

La diferencia dentro de la creación de Dios radica en la “situación” en la que se encuentra este “rujot” (palabra que emana de: “ruaj”, que es: viento, fuerza, motivación, aire o espíritu). Unos “se ven” y otros toman “posesión” de un cuerpo, pero fuera del contexto griego “daimón”.
La situación espiritual de los hombres reseña que algunos mueren pero “no van al sitio que les corresponde”, viendo la alusión de que en medio de la noche, a la hora en la que los hombres duermen dijo Iob: “…me sobrevino un espanto y un temblor que estremeció todos mis huesos: y al pasar un soplo por delante de mí, se erizó el pelo de mi cuerpo. Delante de mis ojos se detuvo un fantasma cuyo rostro no reconocí…” (Job 4:14-16).

En la profecía de Ishaiau contra Ariel dice: “Tu habla saldrá del polvo; tu voz, desde la tierra, será como la de un fantasma, y tu habla susurrará desde el polvo” (Isaías 29:4). Isaías reseña el sonido quedo que tiene un “rujot bejazón” y cuyo susurro lo emana en su calidad de perteneciente al “polvo”, o “residuo de la situación humana”.

También esta escrito: “Los discípulos, viéndolo andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y gritaron de miedo” (Mateo 14:26; Marcos 6:49). Los discípulos estaban en un ambiente en el que estaba latente la “invocación de muertos” y “deambulación de espíritus”. Por ello otra vez se asustaron cuando vieron a Jesús resucitado tal como asegura el médico Luka el dia en que Jesús recucitó: “Mientras aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: -¡Paz a vosotros!- Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían un espíritu. Pero él les dijo: -¿Por qué estáis turbados y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?- Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies” (Lucas 24:36-40).
Si bien es cierto, Jesús resalta que los espíritus “no tienen carne ni huesos”, por lo que lo incluye a él en la materia y así incluso a los futuros resucitados.

La invocación de muertos (espíritus) es y era una costumbre antiquísima que se llegó a practicar igual en Israel a pesar de haber sido prohibida por el rey Shaulo (Saúl), quien hizo subir del Hades (en hebreo: “Sheól”) al profeta Shmuel (Samuel) quien le reprendió por ello. La posesión viene pues a raíz de la invocación abriendo una puerta entre la dimensión de la materia y la de la no-materia en la que cualquiera de los llamados “Sepultados” del lado del “Abadón” en el Hades intenta alcanzar (1ª Samuel 28:3 y 1ª Samuel 28:9-20).

En lo referente a esta dimensión, elmismo Janoj, escriba de justicia, reiteró todos lo dicho por los que vinieron despué de él: “En esos días devolverá también el Árido (la tierra) lo [que ha sido] depositado en ella; y Sheól devolverá también lo que en él había, tal como lo recibido, y Abadón se pondrá atención al exponerse (exponer su vida)” (Enoc 51:1). Se pueden encontrar esas misma referencias en: Isaías 26:19; Daniel 12:2; Revelaciones 20:12-14.

Unos y otros morimos y esperamos la resurrección: “No temáis vosotras, almas de los justos; tened esperanza vosotros que habéis muerto en la justicia. Y no os entristezcáis porque vuestra alma haya descendido al Sheól en la tristeza, y vuestra carne no haya recibido en vuestra vida según vuestra virtud, sino que al contrario [a descendido al Sheól] en un día en que os habíais convertido [como] en los pecadores, y en el día de la maldición y del castigo. Cuando morís, los pecadores dicen de vosotros: "Tal como nosotros estamos muertos, los justos están muertos, ¿que provecho han sacado de sus obras? "Al igual que nosotros ellos han muerto en la tristeza y en las tinieblas y ¿qué tienen de más que nosotros? Desde ahora somos iguales. "¿Qué se llevarán y qué verán en la eternidad? Porque he aquí que ellos han muerto también y desde ahora no verán la luz". Yo os digo: "A vosotros pecadores os basta comer y beber, robar, pecar, despojar a los hombres, adquirir riquezas y vivir felices días (ver días dichosos). ( ref. 1ª Corintios 15:32) "¿Habéis visto el final de los justos? No se ha encontrado en ellos ninguna clase de violencia hasta su muerte. "Sin embargo han muerto (perecido), ha sido como si no hubieran sido y sus vidas (almas) han bajado a la tumba (Sheól) en la aflicción” (Enoc 102:4-11).

Pero los “sepultados” no saben del plan de Dios y de la resucrrección futura, además viven en constante desesperación y atormentados estando sin su cuerpo, y entre todos los de su misma calidad espiritual. Nadie les asesora ni les “refresca la lengua” (Lucas 16:24), almenos les da paz o consolación, por ello buscan el modo de regresar a la dimensión que a todos “realmente” nos corresponde, la de los vivios. Puesto que “¡Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos! Así que vosotros mucho erráis” (Marcos 12:27).

Por: pastor Frederick G.

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