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Tema 009 - La Fe
freddy


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Tema 009
La fe

Emuná, la Verdad y la Firmeza
Vemos, buscando esta palabra en el Antiguo Testamento: “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.” (Habacuc 2:4). Aquí “en su fe” se dice en hebreo: “be-emunato”. También vemos esto bajo la palabra griega “pistis”. La frase se reitera en la Brit ha-Hadashá (Nuevo Testamento) en la carta de Pablo a los romanos (1:17), a los gálatas (3:11) y en la carta de Pedro a los hebreos (10:38): “Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma.” La palabra también dice: “Porque vino a juzgar La Tierra. Juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con su verdad.” (Salmo 96:13) En este caso “verdad”, se traduce también del hebreo: “be-emunato”, como en la primera cita mencionada arriba.

Porque Iehovah es bueno; para siempre es su misericordia, Y por todas las generaciones [es] su fidelidad.” (Salmo 100:5) Según RVA 95 es “fidelidad” y según RVA 60 es “verdad”. En hebreo partimos nuevamente de “emunato”. (*RVA: “Reina Valera”. Una de las principales casas editoriales que traducen la Biblia al español) “Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.” (Éxodo 17:12) En esta ocasión, la palabra “emuná”, se traduce como “firmeza”.

La palabra hebrea “emuná”, traducida como “verdad”, es más común que traducida como la palabra tradicional que conocemos como “fe”: “Él es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto.” (Deuteronomio 32:4); “Confía en Iehovah y haz el bien; habitarás en la tierra y te apacentarás de la verdad.” (Salmo 37:3); “Escogí el camino de la verdad; he puesto tus juicios delante de mí.” (Salmo 119:30), y Salmo 119:83, Proverbios 12:17 y 22; Jeremías 5:1 y 7:28 hablan de lo mismo. “Iehovah, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza.” (Isaías 25:1) Aquí termina con “emuná omen”, cuando las dos palabras provienen de la misma raíz: “emet”.

Definitivamente, la palabra “emuná”, viene de “emét” (verdad), y así mismo, de la raíz “laamín” (creer), de donde vemos que también sale: “amén”, entendido como “¡así sea!” o “¡lo creo!”. De manera que, la parte de Habacuc 2:4 que dice que “el justo por su fe vivirá”, más bien diría que “el justo por la verdad de él vivirá”. Puede que no haga referencia a por su propia verdad, sino la verdad de Dios; esa misma verdad por medio de la cual Iehovah juzgará a los pueblos (Salmo 96:13), o quiere decir que Dios juzgará a los hombres de acuerdo a su corazón.

Pístis, la Confianza
En griego encontramos que el equivalente a “fe” es “pístis”, que también se entiende como “confianza”, “creer”, “dar crédito”, “dar fe”, “fidelidad”, “garantía”, “juramento”, “compromiso” o “verdad”. En el capítulo 17 de la epístola de los Hechos de los Apóstoles, encontramos: “…por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hechos 17:31). Esto se entendería como “testimonio”; es decir, Cristo dio testimonio a todos con su resurrección.

En griego también dice: “La pístis (creencia) es esperanza de la sustancia (confianza, aseguramiento), la cuestión de convicción en lo que no se ve.” (Hebreos 11:1-31). Es decir, es cuando esperas y confías en aquello en lo que se está seguro –no sobre algo en lo que no se cree o sobre lo que se duda. Es lo que tiene que ver con la convicción sobre cosas que no se ven, por ejemplo, algo que aún no ha sucedido. ¿Pero cómo se llega a esa seguridad? Para estar uno convencido de algo tiene que haberle ocurrido algo trascendental en su vida, debe haber visto, oído o sentido algo que le haya generado esa certeza en su interior, esa confianza y esa esperanza, aunque aún no lo haya visto “cumplido”. Es decir, por lo que se les visualizó a los que oyeron y/o leyeron los escritos antiguos, o bien, porque el Señor se los dijo, entendieron que fue hecho el universo por la Palabra de Dios. Aunque no estuvieron ahí para verlo por ellos mismos, aún así lo creen, lo imaginan en su mente, lo visualizan y lo aceptan como verdadero. Eso es la fe.

El Señor se manifestó a Abraham y le habló sobre una promesa, y con base a lo que Abraham entendió, actuó, porque tenía la esperanza puesta en aquella certeza, de que sucedería. Abraham visualizó lo que Iehovah deseaba hacer y actuó consecuentemente; Noé creyó a Iehovah que le dijo del advenimiento de un diluvio, y aunque parecía absurdo, él “creyó” a Iehovah, y creyó a lo que “había entendido” que Dios iba a hacer, la razón por la cual eso debía ocurrir, y lo que Iehovah esperaría de su descendencia. Todos los que actuaron por medio a esta “creencia”, lo hicieron habiendo recibido una “visión”, ya fuese de forma literal o explicativa, y fueron “fieles” a su “convicción”, y fieles al “poder de Dios” y fieles al “plan de Dios”. Todo esto es la fe. Muchos de los que mayor fe demostraron tener, fueron quienes tuvieron conocimiento del Plan de Dios y de su incomparable amor para con sus criaturas.

¿Hubo muchas personas que entendieron el Plan de Dios? ¿Hubo muchos hombres cuya convicción fue un ejemplo para todos?: “Hijo de hombre, cuando la tierra pecare contra mí rebelándose pérfidamente, y extendiere yo mi mano sobre ella, y le quebrantare el sustento del pan, y enviare en ella hambre, y cortare de ella hombres y bestias, si estuviesen en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarían únicamente sus propias vidas, dice Iehovah el Señor.” (Ezequiel 14:13-14 y 14:20) Dice ahí “por su justicia”, es pues que fueron hombres justos ante los ojos de Iehovah. De modo que podríamos creer que vieron cosas que consolidaron grandemente su credo, pero no fue así. En toda su historia no se menciona que tuviesen grandes revelaciones –aunque nadie quita que no las tuviesen-, menos al lado de quienes vieron realmente cosas extraordinarias como: Moisés, Abraham, Adán, Samuel o David; u hombres tan justos y piadosos como Abel, Elías, Isaías o Isaac. Ergo, su confianza puesta en Iehovah no se puede confundir con la esperanza de que pudiese ser, porque realmente lo creyeron.

La fe de Noé

“…Él me dijo: "Noé, tu destino ha llegado hasta mí, un destino sin mancha, un destino de amor y rectitud. Ahora los ángeles están construyendo una casa de madera y cuando terminen su tarea, extenderé mi mano sobre ella y la preservaré y la semilla de vida germinará de ella y se producirá un cambio para que la Tierra no quede desocupada. Yo consolidaré tu linaje ante mí para siempre, diseminaré a los que viven contigo y no será estéril, sino será bendecida y multiplicada sobre la superficie de la tierra en el nombre del Señor".” (1ª Henoc 67:1-3. Fragmento escrito por Noé)

“…Y tras un tiempo, mi hijo Metushelaj (Matusalén) tomó para su hijo Lemej (Lamec) una mujer, y ella concibió de él y dio a luz un hijo. Cuando el niño nació su carne era más blanca que la nieve mas roja que la rosa, su pelo era blanco como la lana pura, espeso y brillante. Cuando abrió los ojos iluminó toda la casa como el sol y toda la casa estuvo resplandeciente. Entonces el niño se levantó de las manos de la partera, abrió la boca y le habló al Señor de justicia. El temor se apoderó de su padre Lamec y huyó y fue hasta donde su padre Matusalén. Le dijo: "He puesto en el mundo un hijo diferente, no es como los hombres sino que parece un hijo de los ángeles del cielo, su naturaleza es diferente, no es como nosotros; sus ojos son como los rayos del sol y su rostro es esplendoroso. "Me parece que no fue engendrado por mí sino por los ángeles y temo que se realice un prodigio durante su vida. "Ahora, padre mío, te suplico y te imploro que vayas al lado de Janoj (Henoc) nuestro padre y conozcas con él (por él) la verdad, ya que su residencia está con los ángeles. […] [Le dijo Henoc:] Habrá […] gran cólera y diluvio sobre la tierra y se hará gran destrucción durante un año. "Pero ese niño que os ha nacido y sus tres hijos, serán salvados cuando mueran los que hay sobre la tierra. Entonces descansará la Tierra y será purificada de la gran corrupción.” (1ª Henoc 106:1-7; 6º libro de Henoc, fragmento del libro de Noé) Qué origen tan extraño tuvo Noé… aún así, Noé obró sin ver más de lo que Iehovah le dijo, porque era justo, de manera que su justicia no fue por ver sino por creencia en el UNO.

La fe de Job

No obstante, vemos que Jobab (Job) cuenta que un arcángel se le apareció una noche para responderle sobre una inquietud, y le explicó: “…a quien el pueblo quema libaciones y ofrendas, no es a Dios, sino que este es el poder y la labor del Seductor que actúa astutamente con el pueblo. […] caí a tierra y me prosterné diciendo: "O mi Señor, que hablas por la salvación de mi alma. Te ruego por este ídolo de Satanás, que me permitas ir y destruirlo, y purificar este lugar. Pues no hay ninguno que me lo pueda prohibir, ya que soy el rey de esta tierra, de modo que aquellos que vengan a ella ya no se pierdan''. Y la voz que hablaba desde la llama me respondió: "Tú puedes purificar este lugar. Pero he aquí que yo te anuncio lo que el Señor me ordenó que te dijera […]: Si destruyes y echas fuera la imagen de Satanás, el propio Satanás con ira vendrá a la guerra contra ti, […] Él te traerá numerosas y graves plagas, […] Él te quitará a tus niños, y te causará muchos males. Luego debes luchar como un atleta y resistir el dolor, y seguro de tu recompensa, superar pruebas y aflicciones. Pero cuando tú dures y resistas, haré famoso tu nombre en todas las generaciones de la tierra hasta el final del mundo. Y te voy a restaurar todo lo que hubieras tenido, y el doble de lo que hayas de perder te será dado […] Y en la resurrección has de despertar para la vida eterna. Entonces tú harás saber que Dios es justo y verdadero y poderoso".” (Testamento de Job 1:11-26) En vez de ver cosas de parte de Dios, lo único que Job recibió fue dolor, pero sabía lo que quería recibir de Iehovah cuando sus penurias desapareciesen.

La fe de Daniel
Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre. Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase. […] El rey, pues, se levantó muy de mañana, y fue apresuradamente al foso de los leones. Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones? Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo.” (Daniel 6:16-22) Podemos encontrar en su libro, que a Daniel el Señor se le manifestó tras su devoción y obediencia, obrando primero Daniel con confianza y fe. Más adelante sabemos que a Daniel se le explicó el Plan de Dios (Daniel 9:24) porque sirvió a Dios de todo corazón. De hecho, en el caso en el que Daniel pasó ese tiempo en el foso con los leones, ni siquiera Iehovah le permitió pasar hambre, y fue fiel con Daniel porque es fiel con aquellos que le son fieles: “Se tiró a Daniel en [el foso de] los leones, y él estuvo allí durante seis días. Hubo siete leones en la guarida, y cada día se les había dado dos cuerpos y dos ovejas, pero ahora no se les dio nada, para que devorasen a Daniel. Ahora estaba el profeta Habacuc en Judea, el cual había hecho un guiso y había partido el pan en un tazón, e iba entonces por el terreno para llevarlo a los segadores. Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: "Toma los alimentos que tienes a Babilonia, [llévalos] a Daniel, [a quien han puesto con] los leones". Habacuc dijo: "Señor, yo nunca he visto Babilonia, y no sé nada acerca de la madriguera". Entonces el ángel del Señor le llevó por la corona de su cabeza y lo llevaron por su cabello, con la velocidad del viento le puso en Babilonia, a la derecha en la madriguera. Entonces Habacuc gritó: "¡Daniel, Daniel! Toma la comida que Dios te ha enviado". Daniel dijo, "Te has acordado, oh Dios, y no has abandonado a los que te aman." Entonces Daniel se levantó y comió. Y el ángel de Dios [tomó a] Habacuc [y fue] devuelto inmediatamente a su propio lugar.” (Apócrifo de Bel 1:31-39)

Frederick Guttmann R.
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