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Tema 016 - Dios
freddy


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Tema 016
¿Quién es Dios?

La deidad
La palabra “Dios” proviene del latín “Deus”, y ésta del griego “Theos”, “Thea” y “Tei”, que se refieren a la deidad. El nombre Theos deriva del significado de “el que Todo lo Ve”, o de “Thea”: “Visión”. La raíz de este vocablo es mucho más antigua. Si nos vamos a lenguas primigenias, ahí encontramos, igual que Thea”, el nombre “Ra” (Ver o Visión) y que se simbolizaba con un “ojo”.

En el idioma inglés se denomina a este ser supremo “God”, de las lenguas antiguas donde consideraban a “Thot” uno de sus dioses más emblemáticos –de ahí también podemos encontrar a “Thor”, un dios nórdico. Sorprendentemente, ambos nombres: “Ra” y “Thot”, aparecen en la historia de los dioses egipcios y se pueden apreciar en las historias de las Tablillas Esmeralda halladas en el Yucatán, y en el Documento Troano de los mayas. A estos dos personajes se les reconocía por ser los sabios atlantes de la era antigua que edificaron las pirámides de Egipto, antes del nacimiento de las dinastías faraónicas.

La asimilación de estos nombres es tan legendaria como extensa, pero entendemos como “Dios” al ser supremo del monoteísmo (Una Deidad), del pueblo de Israel, del mundo musulmán y del mundo cristiano –incluyendo las creencias bahai y del sijismo-, a quienes los hebreos denominaban: “Adonai” (El Señor), “Elohim” (Dioses), “Iehovah Sabaot” (Jehová de los Ejércitos), Ha Shem (El Nombre), “Ehié asher Ehié” (Soy el que Soy) o simplemente “Eihé” (El que Soy).
La raíz hebrea “El” (Dios), y la árabe “Alá” (Dios) vienen de lenguas mesopotámicas, de hecho, los propios cananitas llamaban a su mayor deidad pagana “El”. Por ejemplo, los acadios llamaban a sus dioses “altos” o “ilustres”, los “Ilu”, aunque la divinidad máxima de los sumerios era “An” o “Anu”, de donde salen voces como: “One” (“Uno”, en inglés), “A” o “An” (“Un”, en inglés), “Uno” (1), “Aní” (“Yo”, en hebreo), “Ena” (“Uno”, en griego) y “Año” o “anual”. Así mismo la “A” identifica el “Inicio”, el número “1”, así como a la máxima deidad, que los pueblos de otrora relacionaban con el toro.

El Primero
La primera letra del alfabeto arameo, acadio y fenicio estaba dedicada al “Toro”, no obstante, Abraham la adoptó para dedicarla al “Dios Único”, en la lengua hebrea. La letra “A” (Alef) es de donde derivan los nombres “El”, “Alá”, “Elohim” o “Elyón” (“El Grande” o “El Altísimo”).

Sobre este “Supremo”, se lee en la revelación de Juan: “Y los cuatro almas vivientes […] no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.” (Apocalipsis 4:8) ¿Pero qué es ser tres veces santo? Ahora expondré que el Padre Creador no guarda relación con la deidad monoteísta que muchos pueblos han encasillado.

La sustancia divina
Los hombres siempre hemos querido saber quién es el Padre, de dónde salió, cómo es, dónde está, cuándo apareció, quién le hizo; pero el Padre puede no estar tal lejos de nosotros: “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.” (1ª Juan 4:16) Entonces si estamos en amor Dios está en nosotros, pero entonces ¿él y nosotros somos el mismo? “Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne.” (Génesis 6:3) Aquí se nos aclara que nosotros somos carne y Él no lo es. Entonces somos UNO con Él en el espíritu si habitamos en el amor.

Escrito está por boca de Jesucristo: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.” (Juan 17:20-22) Hemos de comprender que se nos habla espiritualmente como a seres espirituales que somos, y no bajo los parámetros de la carne, porque en este orden nadie verá a Dios; pues él no es carne, de hecho, Él no es nada de lo que Él mismo haya creado porque esto lo haría inferior a su propia creación. Nada puede crearse a sí mismo.

Podemos leer claramente la Escritura: “Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.” (1ª Juan 4:12), así mismo está escrito: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Juan 1:18) De manera que como nadie puede ver a Dios en lo físico, porque no es materia, Él envió a su Hijo para que a través de la carne, que es de la dimensión de la materia, pudiésemos contemplar lo que del Todopoderoso es manifiesto: amor, benignidad, inmortalidad, eternidad, vida, bondad, majestad, misericordia, paciencia, paz, armonía, sabiduría, inteligencia, poder y dominio.

Jesús tuvo que venirnos a presentar al Padre porque nosotros no le podemos discernir ni apreciar, pues “En Dios hay una majestad terrible. Él es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder; Y en juicio y en multitud de justicia no afligirá. Lo temerán por tanto los hombres; Él no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio.” (Job 37:22-24) Ya que estamos muertos en el pecado de nuestra raza adámica y por misericordia llamados a la “redención”. Moisés quiso ver a Dios, pero Iehovah le contestó claramente y “Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Iehovah: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.” (Éxodo 33:20-23)

Quién es Él
Si indagamos en la Palabra, descubrimos que el Padre es espíritu, y no habita donde hay maldad, como lo dijo el rey Salomón al construirle el primer Templo: “Pero ¿es verdad que Dios morará sobre La Tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?” (1ª Reyes 8:27) En lo que respecta al Padre, se sabe que “delega” su creación, y que ha instituido quienes deben “sujetar” la creación en tanto que exista maldad en ella. Y por esta razón fueron hechos los estamentos de la creación actual: “Así dice Iehovah Elohim, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan…” (Isaías 42:5), “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.” (Hechos 17:24-25)

Pero la verdad del Único Dios Verdadero fue claramente descrita por su Hijo Unigénito a Juan mucho tiempo después de la resurrección de Jesús: “Cuando [yo, Juan,] le pregunté si podría comprender esto, él (Jesús) me dijo: “El Uno es un soberano que no tiene nada sobre él. Es Dios Padre de todos, el Uno Invisible que esta sobre todo, que es imperecedero, que es luz pura que ningún ojo puede ver”. “Es el Espíritu invisible. Uno no debe considerarlo como un dios, o igual que un dios, Pues es más grande que un dios, porque no tiene nada sobre él y ningún señor sobre él. No existe dentro de nada que sea inferior a él, ya que todo existe únicamente dentro de él. Es eterno, toda vez que no necesita nada. Porque es absolutamente completo: nunca ha carecido de nada para ser completo. Sino que siempre ha sido absolutamente completo en la luz. Es ilimitable, toda vez que no hay nada que lo limite. Es insondable, toda vez que no hay nada ante él que lo sondee. Es inconmensurable, toda vez que no había nada ante él que le midiera. Es inobservable, toda vez que nada le ha observado. Es eterno, y existe eternamente. Es inexpresable, toda vez que nada podía comprenderlo para expresarlo. Es innombrable, toda vez que no hay nada ante él que le dé nombre”. “Es la luz inconmensurable, pura, santa, brillante. Es inexpresable, y es prefecto en su inmortalidad.” (Libro Secreto de Juan 2:1-9)

Pero su descripción no termina acá: “No es que forme parte de la perfección, o de la bienaventuranza, o de la divinidad; es mucho más grande. No es corpóreo ni incorpóreo. No es grande ni pequeño. Es imposible decir: “¿Cuánto es?” o “¿De qué clase es?” pues nadie puede comprenderlo. No es una entre muchas cosas que existen: es mucho más grande. No es que sea realmente más grande. Sino que como es en sí mismo, no es una parte de los mundos ni del tiempo, porque cualquier cosa es parte de un mundo fue producida una vez por otra cosa. No le fue asignado tiempo, toda vez que no recibe nada de nadie. Eso sería un préstamo. El que existe primero no necesita nada de uno que es posterior. Al contrario, el posterior alza la vista ante el primero en su luz”. “Porque el perfecto es majestuoso; es puro e inconmensurablemente grande. Es el Mundo que da un mundo, la Vida que da vida, el bendito que da bienaventuranza, el Conocimiento que da conocimiento, el Bueno que da bondad, la Misericordia que da misericordia y redención, la Gracia que da gracia. No es que sea realmente así. Sino que da luz inconmensurable e incomprensible”. “¿Qué debo deciros sobre él? Su reino eterno es imperecedero: es tranquilo, es silencioso, está en reposo, y está ante todo. Es la cabeza de todos los mundos, y los sostiene por medio de su bondad”. “Sin embargo, no sabríamos…, no comprenderíamos lo que es inconmensurable, de no ser por uno (Jesús) que ha venido del Padre y nos ha dicho estas cosas”.” (Libro Secreto de Juan 2:10-22)

Y termina diciendo: “Porque el Perfecto se contempla a sí mismo en la luz que lo rodea. Este es el manantial del agua de vida que produce todos los mundos de todas las clases. El Perfecto contempla su imagen, la ve en el manantial del espíritu y se enamora del agua luminosa. Este es el manantial de agua pura, que rodea al Perfecto”.” (Libro Secreto de Juan 3:1-2) Abraham escribió hace unos 4.000 años: “Elí uno, Creador Universal, no tiene principio: es eterno. Los hombres son sus hijos y Él su herencia.” (Texto del Testamento Secreto de Abraham 1:1)

El profeta Enoc escribió: “Y Rafael, Miguel, Uriel y Gabriel dijeron al Señor del cosmos: ‘Tú eres nuestro gran Señor, el Señor del cosmos, el Dios de dioses, el Señor de señores y el Rey de reyes; los cielos son el trono de tu gloria por todas las generaciones que existen desde siempre; toda la tierra es el escabel ante ti para siempre, y tu nombre es grande, santo y bendito por toda la eternidad. Eres tú quien todo lo ha creado y en ti reside el poder sobre todas las cosas; todo es descubierto en toda su desnudez ante ti; tú lo ves todo y nada se te puede esconder’.” (1ª Henóc 9:4-5)

Es trascendental entender quien es el Padre porque en ello radica el desarrollo de la Vida Eterna: “Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3) La vida consiste en conocer al Padre, y para esta labor la única herramienta valida es ser inmortal, ya que una vida no es suficiente para comprender los que Él es.


Frederick Guttmann R.

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