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Tema 018 - El Diezmo
freddy


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Tema 018
El Diezmo

El Diezmo de Abraham
Cuando Isaac, hijo de Abraham, envió a Jacob en busca de mujer, él hizo un juramento con Dios: “E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Iehovah será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.” (Génesis 28:20-22) ¿De dónde tuvo Jacob esta enseñanza de separar la décima parte de todo lo que la tierra le diese? Esto no pudo ser una tradición de Moisés, porque esto ocurrió siglos antes de Moisés. Décadas antes, Abraham se vio obligado a ir a defender a su pariente de sus enemigos y liberar a su sobrino Lot: “Cuando [Abram] volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram [a Melquisedec] los diezmos de todo.” (Génesis 14:17-20) ¿Por qué, si Abraham había vencido contra Quedorlaomer, todo el diezmo de lo que tomó de botín lo dio a este sacerdote de Dios?

“Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.” (Hebreos 7:1-10)

Los Sacerdotes
La enseñanza del diezmo es similar al pago de tributos o impuestos del estado: “Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: ‘Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?’ Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ‘¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo.’ Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ‘¿De quién es esta imagen, y la inscripción?’ Le dijeron: ‘De César’. Y les dijo: ‘Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios’.” (Mateo 22:16-21) También recuerda el tiempo en que un pueblo pagaba a un héroe para que les defendieran de fuerzas hostiles. Este principio fue adoptado por el pueblo de Israel, pero ya Abraham entendía de qué se trataba y por qué razón debía dársela a un sacerdote. El sacerdote realmente –no como los sacerdotes católicos- era en antaño el intercesor entre los hombres y los dioses. Era el mediador que recibía las palabras, poderes, conocimientos y sabiduría de los seres inmortales y las traía al pueblo. Por esta razón el sacerdocio consistía en mantener la purificación y dar el alimento al pueblo.

En el tiempo que hubo gran hambre, en los días de José, administrador de la tierra de Egipto, él compró la tierra para el imperio, a excepción de la zona de los sacerdotes, porque ellos comían de lo que comía el rey: “Entonces compró José toda la tierra de Egipto para Faraón; pues los egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agravó el hambre sobre ellos; y la tierra vino a ser de Faraón. Y al pueblo lo hizo pasar a las ciudades, desde un extremo al otro del territorio de Egipto. Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, por cuanto los sacerdotes tenían ración de Faraón, y ellos comían la ración que Faraón les daba; por eso no vendieron su tierra.” (Génesis 47:20-22) ¿Por qué ellos comían de la casa de faraón y no de su propio trabajo? Pues porque su trabajo era administrar las cosas sagradas, santas, todo cuanto tenía que ver con la deidad. Si los sacerdotes dejaban de hacer esto ¿quién hacía su labor? Y si ellos se dedicaban a esto por sí solos ¿de qué se alimentarían?

También Israel tuvo sacerdotes, una tribu en concreto, una de las doce tribus de los hijos de Israel: Leví. Y ellos no iban a la guerra, como aún hoy no van a la guerra los religiosos judíos, sino que se encargaban del tabernáculo de Dios: “Y todos los contados de los hijos de Israel por las casas de sus padres, de 20 años arriba, todos los que podían salir a la guerra en Israel, fueron todos los contados 603.540. Pero los levitas, según la tribu de sus padres, no fueron contados entre ellos; porque habló Iehovah a Moisés, diciendo: ‘Solamente no contarás la tribu de Leví, ni tomarás la cuenta de ellos entre los hijos de Israel, sino que pondrás a los levitas en el tabernáculo del testimonio, y sobre todos sus utensilios, y sobre todas las cosas que le pertenecen; ellos llevarán el tabernáculo y todos sus enseres, y ellos servirán en él, y acamparán alrededor del tabernáculo. Y cuando el tabernáculo haya de trasladarse, los levitas lo desarmarán, y cuando el tabernáculo haya de detenerse, los levitas lo armarán; y el extraño que se acercare morirá. Los hijos de Israel acamparán cada uno en su campamento, y cada uno junto a su bandera, por sus ejércitos; los levitas acamparán alrededor del tabernáculo del testimonio, para que no haya ira
sobre la congregación de los hijos de Israel; y los levitas tendrán la guarda del tabernáculo del testimonio’.” (Números 1:45-53)

Así mismo, los levitas no recibirían heredad y posesión de tierra alguna: “Mas los levitas harán el servicio del tabernáculo de reunión, y ellos llevarán su iniquidad; estatuto perpetuo para vuestros descendientes; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel. Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Iehovah en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad. Y habló Iehovah a Moisés, diciendo: Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Iehovah el diezmo de los diezmos. Y se os contará vuestra ofrenda como grano de la era, y como producto del lagar. Así ofreceréis también vosotros ofrenda a Iehovah de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Iehovah al sacerdote Aarón. De todos vuestros dones ofreceréis toda ofrenda a Iehovah; de todo lo mejor de ellos ofreceréis la porción que ha de ser consagrada. Y les dirás: Cuando ofreciereis lo mejor de ellos, será contado a los levitas como producto de la era, y como producto del lagar. Y lo comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias; pues es vuestra remuneración por vuestro ministerio en el tabernáculo de reunión. Y no llevaréis pecado por ello, cuando hubiereis ofrecido la mejor parte de él; y no contaminaréis las cosas santas de los hijos de Israel, y no moriréis.” (Números 18:23-32)

La Ley de la Décima Parte
Dios enseñó la ley del diezmo a los hijos de Israel para recibir bendición y prosperidad, y les recalcó: “Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Iehovah es; es cosa dedicada a Iehovah. Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello. Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Iehovah. No mirará si es bueno o malo, ni lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el que se dio en cambio serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados. Éstos son los mandamientos que ordenó Iehovah a Moisés para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí.” (Levítico 27:30-34) Y estos diezmos llegarían a los levitas, y ellos, los sacerdotes, a su vez, darían también su parte al sumo sacerdote: “Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Iehovah el diezmo de los diezmos. Y se os contará vuestra ofrenda como grano de la era, y como producto del lagar. Así ofreceréis también vosotros ofrenda a Iehovah de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Iehovah al sacerdote Aarón.” (Números 18:26-28) Así que la enseñanza de Dios era para que quienes se encargasen de los temas espirituales no tuviesen que depender de un trabajo externo, el cual les quitaría el tiempo dedicado a Dios, sino que se consagrasen exclusivamente a las cosas de Dios y a ministrar los libros de la ley y enseñasen la palabra de Dios al pueblo.

¿Y el apóstol Pablo? Este mismo que pregonó el evangelio, ¿Qué dice sobre esto? ¿Citó que esa ley fuese abolida? Pablo lo explicó de otra manera más obvia: “Contra los que me acusan, ésta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.” (1ª Corintios 9:3-14) Evidentemente, ¿cómo podía Pablo predicar sin comer o beber? Y si trabajaba ¿qué tiempo tendría para el evangelio?

El profeta Malaquías dijo que robamos a Dios, pues no le damos lo que es de él, y el mandato que nos dejó para que en el evangelio también halla orden y sostenimiento de los ministros: “Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Iehovah de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Iehovah de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Iehovah de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Iehovah de los ejércitos.” (Malaquías 3:7-12)

Frederick Guttmann R.
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