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Tema 020 - Los 10 Mandamientos
freddy


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Tema 020
Los Diez Mandamientos

La Primera Ley
“Aunque el cielo y la tierra perezcan ni una letra de la Sagrada Ley cambiará ni perecerá. Pues en el principio fue la Ley y la Ley fue con Dios y la Ley era Dios.” (La Séptuple Paz. Libro Esenio de Jesús 1:149-150) Alrededor del año 1.500 a.C. y tras la derrota del faraón Ahmosis (del hebreo significa: “Hermano de Moisés”) y sus dioses (Éxodo 12:2 y Números 33:4) contra Iehovah, Israel caminó 40 años por el desierto del Sinaí en dirección a la tierra de promisión dominada por los Cananitas y venciendo a 7 naciones. Toda esta historia, desglosada en el Pentateuco (5 primeros libros de la Biblia o Torá), fue básicamente una nueva enseñanza para un pueblo educado en costumbres politeístas egipcias y en doctrinas demoniacas. Para empezar su nueva formación, Iehovah, el Dios de los hebreos, les enseñó 10 mandamientos más 10, o sea, una media de 1.000 obligaciones, dada su rebeldía contra Iehovah. De forma sencilla se pueden especificar 613 normativas de todas estas leyes, ramificadas de los 10 Mandamientos que Iehovah dijo a Moisés: “El Señor llamó a Moisés desde la Montaña, diciendo: ‘Ven a Mí, porque voy a darte las leyes para tu pueblo, que será un convenio para los Hijos de la Luz. Y Moisés subió hasta Dios. Y Dios habló en estas palabras, diciendo: ‘Yo soy la Ley, tu Dios, que te libró del cautiverio de las tinieblas. No tendrás otras leyes ante Mí. No harás imagen alguna de la Ley en cielo ni en la tierra. Yo soy la Ley invisible, sin comienzo y sin final. No harás leyes falsas, porque Soy la Ley y la Ley de todas las Leyes. Si me desertaras, serás visitado por desastres de generación en generación. Si guardas mis mandamientos entrarás en el Huerto Infinito donde está el Árbol de la Vida, en medio del eterno mar. No violarás la Ley. La Ley es tu Dios, que no te considerará sin culpa’.” (Libro Esenio de Moisés)

Moisés subió a recibir la Ley, pero al observar el pecado de idolatría del pueblo, la destruyó: “Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro [de oro] y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.” (Éxodo 32:19) Entonces volvió a subir al monte para que Dios con “su dedo” volviese a reescribirlas. Pero ¿Serían estas segundas tablas similares a las primeras? Las primeras tablas tenían el doble de normativas (20) pero no eran rígidas: “[El Señor dijo a Moisés:] ‘Honra a tu Madre Terrenal para que tus días puedan ser muchos en la tierra y honra a tu Padre Celestial para que la vida eterna sea tuya en los cielos, pues los cielos y la tierra te son dados por la Ley, que es tu Dios. […] A todos estos ángeles de la Madre Terrenal habrás de saludar, y de consagrarte a ellos, para que puedas entrar al Huerto Infinito donde está el Árbol de la Vida. Adorarás a tu Padre Celestial en la tarde del Shabat. […] Con todos los ángeles del Padre Celestial habrás de comulgar para que tu alma pueda bañarse en la Fuente de Luz y entrar en el Mar de la Eternidad. El séptimo día es el Shabat: lo guardarás y lo mantendrás como día sagrado. El Shabat es el día de la Luz, de la Ley, de tu Dios. En él no harás trabajo alguno, sino buscarás la Luz, el Reino de Dios y todas las cosas se te darán. Pues sabe que durante seis días trabajarás con los ángeles, ya que el séptimo día moraras en la Luz del Señor que es la Ley Sagrada. No tomaras la vida de cosa viviente alguna. La vida sólo viene de Dios quien la da y la toma. No degradaréis el Amor. Es el sagrado regalo del Padre Celestial. No cambiarás tu alma, presente inapreciable del amante de Dios, pues las riquezas del mundo, que son cual semillas plantadas en terreno pedregoso, que por no tener raíz, tan sólo un corto tiempo duran. No serás testigo falso de la Ley, para usarla contra tu hermano: Sólo Dios conoce el principio y el final de las cosas, pues Su ojo es único y Él es la Ley Sagrada. No codiciarás las posesiones de tu prójimo. La Ley te dará presentes mucho más grandes, la tierra y los cielos, si guardares los mandamientos del Señor tu Dios.’ Moisés escuchó la voz del Señor y selló en su corazón la alianza entre el Señor y los Hijos de la Luz. Y volvióse Moisés, y bajó de la Montaña, y las tablas de la Ley estaban en sus manos. Y las tablas eran la obra de Dios y la escritura de Dios, grabada en las tablas. Y el pueblo no sabía que había sido de Moisés, se reunieron y desprendiéronse de sus ornamentos de oro e hicieron un becerro fundido. Adoraron al ídolo y le ofrecieron ofrendas quemadas. Y comieron y bebieron y danzaron ante el becerro de oro que habían hecho y se abandonaron a la corrupción y al mal delante del Señor.” (Libro Esenio de Moisés)

Las Obras de la Ley
Debido a la rudeza de este pueblo, de su rebeldía y la facilidad con la que volvían a la veneración de las estatuas y dioses paganos, Iehovah les impuso 10 mandamientos duros de cumplir y 10 veces sobre estas 10 de normativas desglosadas, las cuales serían conocidas como “Las Obras de la Ley” o el “Cetro Legislador”. Así que a partir de ese momento, ellos debían acatar estas palabras al pie de la letra, si bien no abandonando nunca los 10 Mandamientos primigenios, pues son una ley universal, pero las otras ramificaciones –que podemos llamar “las 613 ordenanzas”- sólo caerían cuando llegase el Mesías: “No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Shiloaj; Y a él se congregarán los pueblos.” (Génesis 49:10)

Pero esta ley universal, aplicable a cualquier época, región y cultura, no se debe confundir con las Obras de la Ley, pues son conceptos elementales que nos explican por qué estamos destituidos del Concierto Universal. Es cierto esto, pues existen confusiones entre obedecer a las Obras de la Ley mosáica, es decir, de Moisés, y las Obras de Cristo. Y esto es así debido a lo escrito por el benjaminita: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2:10) Y esto fue aclarado por un hermano de Jesús cuando dijo: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? […] Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.” (Santiago 2:14-18)
Entonces, ¿Pablo y Santiago estarían hablando de las tradiciones judaicas del cetro legislador dado a Moisés? Pablo aclaró: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.” (Romanos 3:27-28) Debemos discernir a qué se refieren cuando hablan de Ley, a qué se refieren cuando hablan de Obras, y a qué, cuando hablan de las Obras de la Ley (Gálatas 2:16, 3:2-5 y Santiago 2:14-26). Se entiende entonces que Israel debía cambiar de las tradiciones y educación egipcia a la de Iehovah, y entonces abriría el camino a la Ley de la Gracia que vino con Cristo Jesús. Obvio, no con esto los Diez Mandamientos –no las 613- quedaban abolidos, porque el mismo Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” (Mateo 5:17)

¿Qué son los 10 Mandamientos?
Tras la desobediencia de Israel y su gran pecado, Moisés, por orden de Iehovah, dijo a su pueblo: “Estas son las leyes que vuestro Dios os ha dado: ‘No tendréis otro Dios fuera de Mí. No os haréis imágenes talladas. No tomaréis el nombre del Señor tu Dios en vano. Recordarás el Shabat, para santificarlo. Honrad a vuestro Padre y a vuestra Madre. No matareis. No cometeréis adulterio. No robaréis. No daréis falso testimonio contra tu prójimo. No codiciaréis los bienes de tu prójimo, ni a la esposa de tu prójimo, ni cosa alguna que pertenezca a tu prójimo.’ Y hubo un día de duelo y expiación por el gran pecado contra el Creador, que no terminó. Y las tablas rotas de la Ley Invisible vivieron escondidas en el pecho de Moisés, hasta que sucedió que los Hijos de la Luz aparecieron en el desierto y los Ángeles caminaron sobre la tierra.” (Libro Esenio de Moisés)

Encontramos en el libro de Éxodo: “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: ‘Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre”:

1. No tendrás dioses diferentes delante de mí (Éxodo 23:24, José 23:7 y Salmos 81:9).

2. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos (Deuteronomio 4:28, 28:36-64, 2ª Reyes 19:18, Isaías 37:19 y Daniel 5:4-23).

3. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano (Salmos 139:20, Jeremías 5:2, Mateo 5:33 y Santiago 5:12).

4. Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó (Mateo 12:1-7 y Marcos 2:27).

5. Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da (Efesios 6:2 y Mateo 5:4).

6. No matarás (Éxodo 23:7, Mateo 5:21 y Santiago 2:11).

7. No cometerás adulterio (Malaquías 3:5, Lucas 18:11-13, 1ª Corintios 6:9, Romanos 13:9, Mateo 5:27-32, Proverbios 6:32-33 y Hebreos 13:4).

8. No hurtarás (Proverbios 6:30-31, 29:24, Ezequiel 18:10-24, Zacarías 5:3-5, Juan 10:1-15, 1ª Corintios 5:11 y 1ª Pedro 4:15-16).

9. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio (Proverbios 28:18, Levítico 6:5, 19:2, Deuteronomio 19:18-19, Jeremías 14:14, 29:23, Mateo 26:59-61, 1ª Timoteo 6:20 y Tito 1:2).

10. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo (Deuteronomio 7:25, Proverbios 1:19, 21:29, Isaías 57:17, Habacuc 2:9, 2ª Pedro 2:14 y Romanos 7:7).

“Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios. Y Jehová dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros. No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis.” (Éxodo 20:1-23 y Deuteronomio 5:6)

La Verdadera Ley
“Y el propio Jesús se sentó en medio de ellos y dijo: ‘En verdad os digo que nadie puede ser feliz, excepto quien cumple la Ley’. Y los demás respondieron: ‘Todos cumplimos las leyes de Moisés, nuestro legislador, tal como están escritas en las sagradas escrituras’. Y Jesús les respondió: ‘No busquéis la Ley en vuestras escrituras, pues la Ley es la Vida, mientras que lo escrito está muerto. En verdad os digo que Moisés no recibió de Dios sus leyes por escrito, sino a través de la palabra viva. La Ley es la Palabra Viva del Dios Vivo, dada a los profetas vivos para los hombres vivos. En dondequiera que haya vida está escrita la ley. Podéis hallarla en la hierba, en el árbol, en el río, en la montaña, en los pájaros del cielo, en los peces del mar; pero buscadla principalmente en vosotros mismos. Pues en verdad os digo que todas las cosas vivas se encuentran más cerca de Dios que la escritura que está desprovista de vida. Dios hizo la vida y todas las cosas vivas de tal modo que enseñasen al hombre, por medio de la palabra siempre viva, las leyes del Dios verdadero. Dios no escribió las leyes en las páginas de los libros, sino en vuestro corazón y en vuestro espíritu. Se encuentran en vuestra respiración, en vuestra sangre, en vuestros huesos, en vuestra carne, en vuestros intestinos, en vuestros ojos, en vuestros oídos y en cada pequeña parte de vuestro cuerpo. Están presentes en el aire, en el agua, en la tierra, en las plantas, en los rayos del sol, en las profundidades y en las alturas. Todas os hablan para que entendáis la lengua y la voluntad del Dios Vivo. Pero vosotros cerráis vuestros ojos para no ver, y tapáis vuestros oídos para no oír. En verdad os digo que la escritura es la obra del hombre, pero la Vida y todas sus huestes son la obra de nuestro Dios. ¿Por qué no escucháis las palabras de Dios que están escritas en Sus obras? ¿Y por qué estudiáis las escrituras muertas, que son la obra de las manos del hombre?’ [Y ellos le preguntaron:] ‘¿Cómo podemos leer las leyes de Dios en algún lugar, de no ser en las Escrituras? ¿Dónde se hallan escritas? Léenoslas de ahí donde tú las ves, pues nosotros no conocemos más que las escrituras que hemos heredado de nuestros antepasados. Dinos las leyes de las que hablas, para que oyéndolas seamos sanados y justificados’. [Entonces] Jesús dijo: ‘Vosotros no entendéis las palabras de la Vida, porque estáis en la Muerte. La oscuridad oscurece vuestros ojos, y vuestros oídos están tapados por la sordera. Pues os digo que no os aprovecha en absoluto que estudiéis las escrituras muertas si por vuestras obras negáis a quien os las ha dado. En verdad os digo que Dios y sus leyes no se encuentran en lo que vosotros hacéis. No se hallan en la glotonería ni en la borrachera, ni en una vida desenfrenada, ni en la lujuria, ni en la búsqueda de la riqueza, ni mucho menos en el odio a vuestros enemigos. Pues todas estas cosas están lejos del verdadero Dios y de sus ángeles. Todas estas cosas vienen del reino de la oscuridad y del señor de todos los males. Y todas estas cosas las lleváis en vosotros mismos; y por ello la palabra y el poder de Dios no entran en vosotros, pues en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu habitan todo tipo de males y abominaciones. Si deseáis que la palabra y el poder del Dios Vivo penetren en vosotros, no profanéis vuestro cuerpo ni vuestro espíritu; pues el cuerpo es el templo del espíritu, y el espíritu es el templo de Dios. Purificad, por tanto, el templo, para que el Señor del templo pueda habitar en él y ocupar un lugar digno de él. Y retiraos bajo la sombra del cielo de Dios, de todas las tentaciones de vuestro cuerpo y de vuestro espíritu, que vienen de Satán’.” (El Evangelio de la Paz. Libro Esenio de Jesús 2:26 al 3:12)

Frederick Guttmann R.
frederickguttmann@gmail.com

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