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Tema 023 - La Familia
freddy


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Tema 023
La Familia

La unión hace la fuerza

¿Qué entiendes por “familia”? ¿Qué es para ti una familia?, “Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Respondiendo él (Jesús) al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.” (Mateo 12:47-50) Pero ¿acaso no da Dios importancia a nuestros padres terrenales? Puesto que también escribió el médico Lucas: “Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.” (Lucas 11:27-28) Incluso los padres de Jesús, cuando se preocuparon por él una vez que fueron a Jerusalén, no le encontraron, pero “…aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Lucas 2:46-49)

Una vez más parece que Jesús no diese importancia a la familia: “Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” (Lucas 9:61-62) Pero luego tenemos que dice uno de los diez mandamientos: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Iehovah tu Dios te da.” (Éxodo 20:12) Así que entonces Jesús hablaba de objetivos y de un plan más excelso que todos los asuntos y criterios humanos. Por esa razón reiteró: “Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.” (Mateo 15:4-6) De manera que Jesús llama a dejar todo para seguirle.

El respeto y la honra
Pero ¿honramos nosotros a nuestros padres o a nuestro hermano? Y por esa regla ¿honramos a Dios?, “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.” (1ª Juan 4:20-21) ¿Y qué ocurre si menospreciamos a nuestros padres?, “Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa.” (Proverbios 20:20) Y “El que roba a su padre o a su madre, y dice que no es maldad, compañero es del hombre destruidor.” (Proverbios 28:24)

¿Cómo agradamos a Dios en relación a la actitud que tenemos con nuestros padres?, “Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.” (Mateo 21:28-32)

De manera que, Dios nos llama a estar unidos en familia, no sólo de la misma sangre, sino entre quienes estamos unidos en Cristo. “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.” (Gálatas 6:10) No olvidando que primero es el Reino de Dios, ya que Jesús dijo: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.” (Mateo 10:37-38) Y reiteró también el Evangelio de Mateo: “Entonces respondiendo Pedro, le dijo: ‘He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?’ Y Jesús les dijo: ‘De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna’.” (Mateo 19:27-29)

¿Y qué si el hijo ofende al padre o el padre al hijo?: “También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.” (Lucas 15:11-32)

El mismo yugo
Debido a que las familias deberían estar trabajando con un mismo objetivo, es por lo que fue dicho: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24) Y reitera el apóstol: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2ª Corintios 6:14) Los objetivos deben ser los mismos para poder sacar adelante un plan. Por esa razón Jesús aclaró que si la familia no trabaja para el plan de Dios, el que es llamado debe dejar, aún si fuese, su propia familia y seguir a Cristo; puesto que nada, ni familia ni riquezas, nos darán la vida eterna. Sobre esto Jesús sabía que en el propio hogar sería donde más difícil se podría avanzar o destacar: “Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.” (Mateo 13:57) Y dijo además sobre esto: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.” (Mateo 10:34-38)

La justicia y la rectitud
Procuremos entonces, para trabajar unidos, ser hijos correctos y padres justos: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2ª Timoteo 3:2-5) Y Pablo añade: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” (Efesios 6:1-4)

¿Crees que Dios nos llamó a la paz, la confraternidad y la misericordia? La TANAK dice: “Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, […] y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Iehovah, y se te contará por pecado. Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Iehovah tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas. Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.” (Deuteronomio 15:9-11)

La familia de los cielos
Además de la familia terrenal, existe una más excelsa: la celestial. De manera que, ¿Cuál es la familia en la que Dios nos incluye en su ser por medio de su Hijo?, “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Efesios 2:19-22)

Porque si somos llamados a ser Esposa de Cristo somos entonces llamados a una familia que no es de carne, aunque si la de la carne es llamada, más grande sería nuestro regocijo. Por esta regla, ¿Existen también familias en otros mundos? ¿Nos uniremos a ellos en un futuro próximo como una gran familia del universo? ¿Conformaremos con otros reinos celestes una sola línea de hijos de Dios? Pablo dijo al respecto: “…me fue dada esta gracia de anunciar […] el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar […] el misterio escondido desde los siglos en Dios, […] para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la congregación a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, […] Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, […] para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender […] cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” (Efesios 3:8-20)

Somos pues llamados a ser esposa de Cristo; a orar por nuestra familia terrenal para que todos sean salvos (1ª Corintios 7:15-16 y 1ª Timoteo 2:4); a ser parte de la gran familia celestial y a ser verdaderos hijos de Dios: “Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo; Pero como hombres moriréis, Y como cualquiera de los príncipes caeréis. Levántate, oh Dios, juzga la tierra; Porque tú heredarás todas las naciones.” (Salmo 82:6-8)

Frederick Guttmann R.
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